
“Paciencia hermano”, y me lo suelta así de repente con un par de palmaditas en la espalda y andando. ¿Paciencia?, ¿será que no llevo toda la vida teniéndola?, ¿es que acaso no soy el tipo más paciente del mundo? “Paciencia hermano”, me dice, y se queda tan ancho el muy imbécil... ¿Hermano...? A ver si tendré que recordarle que no tengo hermanos, que soy hijo único, que a mis padres se los cargaron cuando yo no era más que un crío. A ver si tendré que partirle la cara la próxima vez que pretenda emparentarse conmigo, idiota... Ya se me agotó la paciencia chaval, ya te digo, que van a cambiar las cosas, como me llamo Lucas que van a cambiar y más vale que el que no esté conmigo vaya llevándose su culo a otra parte, lo más lejos posible, porque pienso hacer mucho ruido. Paciencia dice...
Ese es el camino fácil, tener paciencia, resignarse y achantarse ante la injusticia como si tuviéramos que avergonzarnos de ser lo que somos. No tío no, yo ya no me dejo humillar, a mí ya no me pisan más, que ya les vale a esos gusanos, a mí no vuelven a patearme, apuesta lo que quieras. Se van a enterar estos, ¿quiénes se han creído que son?, los amos del mundo se creen, pues conmigo van finos. Ya va siendo hora de que alguien les plante cara ¿no? Sí, va siendo hora de que nos respeten, de que no nos traten como si fuéramos basura sólo porque somos diferentes, ¿sabes chico?, ya me harté de ser diferente. Además, ¿quién se inventó esa patraña?, ¿por qué siempre son los demás?, ¿por qué por una vez no son ellos los diferentes? Ya les iría bien probar un poco de su propia medicina, que los discriminasen como hacen con nosotros por ser “diferentes”. ¡Ja!, me río yo de las diferencias.
Eso, lárgate, largaos todos, cobardes, que os tienen atemorizados, panda de inútiles desgraciados, ¡así nunca vais a llegar a ninguna parte! Puede que esté loco, sí, puede que me la esté jugando, pero voy a enfrentarme a esa gente, ¿qué puedo perder?, si no tengo nada, ¿qué voy a perder? Voy a hacer valer mis derechos que para eso los tengo y me van a oír y me van a entender aunque no hablemos el mismo idioma. Que porque haya nacido con la piel de otro color y mis costumbres no sean como las suyas no tengo porque aguantar que me llamen “sucia bestia repugnante”, no señor. No hay nadie más limpio que yo, mi madre me enseñó a asearme todos los días y así lo hago. No soy ninguna bestia y huelo mucho mejor que algunos de esos que se apartan cuando paso por su lado. Como a un apestado me tratan, ¿qué pasa?, ¿tan guapos se ven?, ¿tan perfectos?
Y no me trago eso de que no están acostumbrados a nosotros, de que lo desconocido siempre suele ser preocupante, ya ves, nosotros tampoco estamos acostumbrados a ellos y no por eso les tratamos como a seres de segunda categoría. Pero yo ya no les tengo miedo y voy a reclamar la igualdad porque la merecemos. Si pierdo la vida en la lucha moriré como un héroe, tenga o no tenga a los míos conmigo. Ellos piensan que es inútil pero mi padre me enseñó que jamás se consigue lo que nunca se intenta. Quiero pasear por la calle sin que me miren como a un bicho raro, quiero ir a la playa y tumbarme en la arena y que mis hijos corran por la orilla y jueguen con los suyos. Quiero caminar por el campo tranquilamente en primavera y revolcarme por la nieve en invierno. Quiero vivir, vivir sin tener que andar todo el tiempo escondiéndome.
Esta noche será mi noche, hay una fiesta en el barrio. Llevo toda la semana observándolos, andan con los preparativos arriba y abajo, felices. Orgullosos y satisfechos, sumergidos en sus vidas tranquilas y seguras, no saben que van a tener un invitado sorpresa. Y me van a aceptar, como me llamo Lucas que lo van a hacer, porque me voy a mezclar entre ellos, voy a bailar con ellos y a comer con ellos hasta hartarme. Esta noche seré uno más y por la mañana todos me verán con otros ojos. Voy a demostrarles que no nos superan en nada, que somos tan válidos como ellos y si pretenden hacer uso de sus armas me defenderé con mi inteligencia. Como mi abuelo decía, la mejor de las armas es el cerebro, no lo dudes amigo. Ya pueden ponerme el culo como un tomate, escupirme, arrojar todos sus demonios sobre mí. Ya pueden apalearme, torturarme y hasta quitarme la vida que nunca acabarán conmigo, nunca conseguirán olvidarse de mí. ¿Alguien se apunta? Vamos pandilla de miedosos ¿es que no tenéis sangre en las venas?, ¿nadie se apunta? Vosotros mismos, yo estoy decidido a actuar y nada ni nadie podrá pararme. Esta vez voy a por todas, a por el pastel entero, se acabó eso de conformarse con las migajas.
Llegó la hora, a por la libertad, la igualdad y el respeto, ¡allá voy!
..........................................................................................................
—Mira Fermín, esta noche parece que hay fiesta en el barrio.
—Sí, eso parece, llevan días preparándola.
—Y ese... ¿se puede saber qué pretende?
—¿Quién?
—¿Es que no lo ves?, ese insensato de Lucas ya vuelve a las andadas, es igual que su padre.
—Lucas... sí es Lucas. Vaya Carmelo, parece que va a meterse en problemas.
—Muchacho loco, está convencido de que va a comerse el mundo, de que va a ganarse el respeto de la gente, no sé de dónde sacó esas absurdas ideas.
—Absurdas del todo, no somos como ellos, ¿es que nadie se lo ha dicho?.
—No, no lo somos Fermín, nosotros nacimos para que nos escupan, nos apaleen, nos cacen e intenten exterminarnos.
—Sí Carmelo, no hay duda, para eso estamos en este mundo.
—Y para que experimenten con nosotros.
—Para que experimenten, ya lo creo, ¿por qué será que les gusta tanto hacerlo?
—Al chico le sobran buenas intenciones pero no sabe lo que hace ¿no hay nadie que pueda pararle los pies?
—Lo molerán a palos ¿no es cierto?
—Le pegarán una buena paliza Fermín, me parece que ya oigo crujir sus huesos. Lo correrán a escobazos por toda la calle y acabarán aplastándole el cráneo contra la acera.
—No me lo digas Carmelo, que horrible forma de morir.
—Terrible y sin haberse llevado a la boca ni un triste pedazo de queso.
—Para eso nacimos Carmelo, para que nos traten como a basura.
—Paciencia hermano.
—Sí, eso, paciencia.
—Anda Fermín, volvamos a la alcantarilla antes de que nos vean, luego subimos a por las sobras, no quiero acabar con los sesos desparramados por la calle como el pobre Lucas.
—Ni yo Carmelo, pobre muchacho.
—Sí, pobre muchacho.
