07/10/09

Simple


De estación en estación, es simple, nada lo es más que el paso del tiempo. Sin misterios ni tapujos, tan simple y tan complejo como los garabatos imposibles de un niño. Tan sencillo como el verano que pasó y que perdimos en el saco de los veranos donde, de vez en cuando, meteremos la mano para rescatar un minuto, una imagen, una voz... Simple como el camino que me lleva al mismo lugar en el mismo instante, como la luz de este otoño que apenas lo es, como el sueño más simple. O como el deseo más frugal.

Sencillo, llano, intrascendente como el tono de mi pelo, como las líneas que trazo mientras pienso, nada más simple. Sin florituras ni galanteos dulzones y empalagosos, claro y franco como el frío en mis pies, como mis bostezos matinales o la torpeza de mis pasos. Como mi mirada, simple, como el perezoso ronroneo de mi gato acurrucado en su rincón del sofá. Tanto como el invierno que vendrá, empapándonos el alma de susurros gélidos, simple y discreto como mi nombre, como el sonido de tu voz al pronunciarlo.

Sin más, me gustas simple...

15/09/09

Ausencia obligada (o cómo escribir puede dejar de tener sentido...)


Después de un mes y medio vuelvo a la vida de las letras, de las historias deseosas de ser contadas, del delirio de juntar palabras, aunque creo que en el fondo nunca dejé de hacerlo, sólo andaba escondida. Ausencia obligada, murió mi viejo ordenador (ya lo dije en otro sitio), ya sé, para escribir sólo es necesario papel y lápiz, a veces ni siquiera eso. Excusas para ocultar lo evidente, la desidia, la pereza, la desgana, para no admitir que escribir dejó de tener sentido. Que dejó de ser una necesidad para convertirse en un suplicio y aburrirme a más no poder. Excusas...

Hoy vuelvo a asomarme a mis cuentos sin sentido, a mis personajes huecos, a mis historias a medio contar y sin excusas que valgan. Vuelvo a ellos con la esperanza de que consientan aceptarme y de que dejen de dolerme y de aburrirme. Regreso a por las ganas que perdí, los motivos que olvidé, a por un empujón o sólo a por un abrazo.

Sí, puede que todo lo que necesite sea un abrazo y que de nuevo Facundo Cabral tenga razón...


“Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Además, el Universo siempre está dispuesto a complacernos, por eso estamos rodeados de buenas noticias.

Cada mañana es una buena noticia. Cada niño que nace es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor es un soldado menos, por eso hay que cuidarse del que no canta porque algo esconde.

Nunca es tarde, siempre se puede empezar de nuevo, ahora mismo, le puedes decir basta a la mujer (o al hombre) que ya no amas, al trabajo que odias, a las cosas que te encadenan a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida, ahora mismo le puedes decir "basta" al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.

Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo. Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada instante, pero no digas "no puedo" ni en broma porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes.

Vive de instante en instante, porque eso es la vida. Ama hasta convertirte en lo amado, es más, hasta convertirte en el mismísimo amor.”

Facundo Cabral.

31/07/09

La revolución de Lucas





“Paciencia hermano”, y me lo suelta así de repente con un par de palmaditas en la espalda y andando. ¿Paciencia?, ¿será que no llevo toda la vida teniéndola?, ¿es que acaso no soy el tipo más paciente del mundo? “Paciencia hermano”, me dice, y se queda tan ancho el muy imbécil... ¿Hermano...? A ver si tendré que recordarle que no tengo hermanos, que soy hijo único, que a mis padres se los cargaron cuando yo no era más que un crío. A ver si tendré que partirle la cara la próxima vez que pretenda emparentarse conmigo, idiota... Ya se me agotó la paciencia chaval, ya te digo, que van a cambiar las cosas, como me llamo Lucas que van a cambiar y más vale que el que no esté conmigo vaya llevándose su culo a otra parte, lo más lejos posible, porque pienso hacer mucho ruido. Paciencia dice...

Ese es el camino fácil, tener paciencia, resignarse y achantarse ante la injusticia como si tuviéramos que avergonzarnos de ser lo que somos. No tío no, yo ya no me dejo humillar, a mí ya no me pisan más, que ya les vale a esos gusanos, a mí no vuelven a patearme, apuesta lo que quieras. Se van a enterar estos, ¿quiénes se han creído que son?, los amos del mundo se creen, pues conmigo van finos. Ya va siendo hora de que alguien les plante cara ¿no? Sí, va siendo hora de que nos respeten, de que no nos traten como si fuéramos basura sólo porque somos diferentes, ¿sabes chico?, ya me harté de ser diferente. Además, ¿quién se inventó esa patraña?, ¿por qué siempre son los demás?, ¿por qué por una vez no son ellos los diferentes? Ya les iría bien probar un poco de su propia medicina, que los discriminasen como hacen con nosotros por ser “diferentes”. ¡Ja!, me río yo de las diferencias.

Eso, lárgate, largaos todos, cobardes, que os tienen atemorizados, panda de inútiles desgraciados, ¡así nunca vais a llegar a ninguna parte! Puede que esté loco, sí, puede que me la esté jugando, pero voy a enfrentarme a esa gente, ¿qué puedo perder?, si no tengo nada, ¿qué voy a perder? Voy a hacer valer mis derechos que para eso los tengo y me van a oír y me van a entender aunque no hablemos el mismo idioma. Que porque haya nacido con la piel de otro color y mis costumbres no sean como las suyas no tengo porque aguantar que me llamen “sucia bestia repugnante”, no señor. No hay nadie más limpio que yo, mi madre me enseñó a asearme todos los días y así lo hago. No soy ninguna bestia y huelo mucho mejor que algunos de esos que se apartan cuando paso por su lado. Como a un apestado me tratan, ¿qué pasa?, ¿tan guapos se ven?, ¿tan perfectos?

Y no me trago eso de que no están acostumbrados a nosotros, de que lo desconocido siempre suele ser preocupante, ya ves, nosotros tampoco estamos acostumbrados a ellos y no por eso les tratamos como a seres de segunda categoría. Pero yo ya no les tengo miedo y voy a reclamar la igualdad porque la merecemos. Si pierdo la vida en la lucha moriré como un héroe, tenga o no tenga a los míos conmigo. Ellos piensan que es inútil pero mi padre me enseñó que jamás se consigue lo que nunca se intenta. Quiero pasear por la calle sin que me miren como a un bicho raro, quiero ir a la playa y tumbarme en la arena y que mis hijos corran por la orilla y jueguen con los suyos. Quiero caminar por el campo tranquilamente en primavera y revolcarme por la nieve en invierno. Quiero vivir, vivir sin tener que andar todo el tiempo escondiéndome.

Esta noche será mi noche, hay una fiesta en el barrio. Llevo toda la semana observándolos, andan con los preparativos arriba y abajo, felices. Orgullosos y satisfechos, sumergidos en sus vidas tranquilas y seguras, no saben que van a tener un invitado sorpresa. Y me van a aceptar, como me llamo Lucas que lo van a hacer, porque me voy a mezclar entre ellos, voy a bailar con ellos y a comer con ellos hasta hartarme. Esta noche seré uno más y por la mañana todos me verán con otros ojos. Voy a demostrarles que no nos superan en nada, que somos tan válidos como ellos y si pretenden hacer uso de sus armas me defenderé con mi inteligencia. Como mi abuelo decía, la mejor de las armas es el cerebro, no lo dudes amigo. Ya pueden ponerme el culo como un tomate, escupirme, arrojar todos sus demonios sobre mí. Ya pueden apalearme, torturarme y hasta quitarme la vida que nunca acabarán conmigo, nunca conseguirán olvidarse de mí. ¿Alguien se apunta? Vamos pandilla de miedosos ¿es que no tenéis sangre en las venas?, ¿nadie se apunta? Vosotros mismos, yo estoy decidido a actuar y nada ni nadie podrá pararme. Esta vez voy a por todas, a por el pastel entero, se acabó eso de conformarse con las migajas.

Llegó la hora, a por la libertad, la igualdad y el respeto, ¡allá voy!

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—Mira Fermín, esta noche parece que hay fiesta en el barrio.
—Sí, eso parece, llevan días preparándola.
—Y ese... ¿se puede saber qué pretende?
—¿Quién?
—¿Es que no lo ves?, ese insensato de Lucas ya vuelve a las andadas, es igual que su padre.
—Lucas... sí es Lucas. Vaya Carmelo, parece que va a meterse en problemas.
—Muchacho loco, está convencido de que va a comerse el mundo, de que va a ganarse el respeto de la gente, no sé de dónde sacó esas absurdas ideas.
—Absurdas del todo, no somos como ellos, ¿es que nadie se lo ha dicho?.
—No, no lo somos Fermín, nosotros nacimos para que nos escupan, nos apaleen, nos cacen e intenten exterminarnos.
—Sí Carmelo, no hay duda, para eso estamos en este mundo.
—Y para que experimenten con nosotros.
—Para que experimenten, ya lo creo, ¿por qué será que les gusta tanto hacerlo?
—Al chico le sobran buenas intenciones pero no sabe lo que hace ¿no hay nadie que pueda pararle los pies?
—Lo molerán a palos ¿no es cierto?
—Le pegarán una buena paliza Fermín, me parece que ya oigo crujir sus huesos. Lo correrán a escobazos por toda la calle y acabarán aplastándole el cráneo contra la acera.
—No me lo digas Carmelo, que horrible forma de morir.
—Terrible y sin haberse llevado a la boca ni un triste pedazo de queso.
—Para eso nacimos Carmelo, para que nos traten como a basura.
—Paciencia hermano.
—Sí, eso, paciencia.
—Anda Fermín, volvamos a la alcantarilla antes de que nos vean, luego subimos a por las sobras, no quiero acabar con los sesos desparramados por la calle como el pobre Lucas.
—Ni yo Carmelo, pobre muchacho.
—Sí, pobre muchacho.

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08/07/09

La señora Felisa


La señora Felisa limpiaba en el metro. Se levantaba de madrugada y adecentaba vestíbulos y andenes antes de que se vieran invadidos por toda una multitud de pasajeros apurados y aún soñolientos. Sí, la del segundo segunda, la que en otro tiempo regentó una verdulería y una zapatería, limpiaba en el metro porque ya nadie en el barrio se comía sus verduras ni se calzaba sus alpargatas y de algo hay que vivir... La señora Felisa se dejaba la piel en el metro mientras por su casa la mugre campaba a sus anchas y sus manos brillaban tersas y blancas, bruñidas a fuerza de detergente y lejía. Limpiaba, aunque conociéndola parezca mentira y se sentía orgullosa de poder seguir manteniendo a sus hijos a pesar de la edad, porque tenía uno “diferente” y otro con pocas luces y una madre es una madre. Ella lo era y por eso trabajaba en el metro.

La señora Felisa, la zapatera, la misma que durante años fue blanco de las mofas y la crueldad de los críos de la calle, la que ahuyentaba a los vecinos con su peculiar aroma, con su extraño e inapropiado modo de vida, era limpiadora y pocos lo sabían. Y aseguraba que algún día conseguiría un puesto de taquillero para su Pepito, el de las pocas luces, o para ella misma, pero nunca aprendió a leer ni a escribir, sólo sabía limpiar, eso sí, en el metro. Allí abajo era la reina y a nadie le preocupaba que de su piso emanaran efluvios inmundos o lo que pasaba o dejaba de pasar con alguno de sus retoños. La vida era fácil bajo el asfalto y mucho más para ella que podía hacerla y deshacerla a su antojo, que no reparaba en florituras a la hora de reinventarse a sí misma. En el barrio era distinto, porque la luz del día ponía al descubierto sus miserias y era otra la historia que contaban sus ojos, sus piernas maltrechas, su casa sombría. Y yo que no recuerdo cómo murió...

La del segundo segunda de “l’escala fonda”, la que iba a casar a su hijo, pobre Pepito, con una chica de casa bien, mientras el otro, el “diferente” algún día la sacaría de pobre, seguro. La que había sobrevivido a dos maridos, dilapidado dos herencias Dios sabe en qué..., la señora Felisa, ¿te acuerdas?, limpiaba en el metro, sí. Y si hoy tuviéramos que escribir su historia deberíamos dejar correr la imaginación, como hacía ella o, tal vez consultar con esas paredes que durante años custodiaron el misterio, dejarnos llevar por su risa desdentada hasta las entrañas del metro y redescubrirla.

La señora Felisa recorría andenes y pasillos fregona en mano, arrancando penas y desdichas de suelos y escaleras, alimentando sueños en busca del suyo. Si hoy me pidieran que hablara de ella, construiría una historia a su medida y la haría circular por el barrio. La vecina del segundo, la misma, la que encontró un sueño perdido entre estación y estación, la que desapareció un buen día a la salida del metro, esa a la que perseguíamos de críos, nos envío una postal desde la costa que ella no escribió, decía que tomaba el sol en Salou. Que su hijo el “diferente” le había comprado un piso con todos los lujos cerca de la playa y que su Pepito estaba mejor que nunca, contento planeando su boda.

La zapatera, la del segundo... no sé porqué pero me gustaría inventar para su historia un final feliz que no puedo asegurar que merezca. Olvidar que volvió de Salou y siguió acumulando mugre y regalando sonrisas sin dientes. Que su hijo, el que ella decía que era “diferente” de la noche a la mañana cambió de cara, de nombre y de sexo y se marchó sin preguntarse porqué su madre seguía limpiando en el metro. Que su pobre Pepito acabó sus días en una residencia para infelices con pocas luces como él. Me gustaría contar que se fue como una reina y que en su funeral, abarrotado hasta la bandera, hubo lágrimas y flores, recuerdos amables y palabras hermosas, pero por más que lo intento, no logro acordarme de cómo murió.

La señora Felisa, ¿sabías que limpiaba en el metro...?


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23/06/09

La noche de San Juan


Una hoguera encendida en la esquina de la fuente convirtiendo en humo las miserias del barrio. Pedazos de madera, tesoros en forma de muebles viejos conquistados gloriosamente, almacenados celosamente. Trastos ardiendo en la esquina de la fuente.

Piulas, bombetas y truenos resonando en la noche, bengalas iluminándola, chispas contra el cielo. Pan con tomate y tortilla a la francesa y acostarse más allá de las doce celebrando que llegó el verano en la noche más corta. Y el fuego junto a la fuente, en la esquina de casa.

Coca de piñones y deseos de papel consumiéndose en la hoguera, en las noches de San Juan de mi infancia, de mis recuerdos. Hoy de nuevo habrá piulas, bombetas, truenos y bengalas, de nuevo habrá coca y cava, risas, fiesta y brindis... Y, con un poco de suerte, algún deseo elevándose hacia el cielo desde las llamas de una hoguera.

Feliz noche de San Juan!
 

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